✨ Y en los próximos capítulos de la serie La Promesa ✨
El destino del palacio dará un vuelco inesperado cuando Federico, el hermano de Vera, deje de lado su fachada de criado y revele al mundo su verdadera identidad. Será él quien, en un acto de valentía y precisión calculada, logre desenmascarar de manera definitiva a Lorenzo, exponiendo sus crímenes más oscuros y consiguiendo que regrese a prisión. Pero esta vez no habrá escapatoria posible: su condena será definitiva.
El impacto será demoledor. Lorenzo, enloquecido al ver su derrota frente a todos, intentará escapar en un último acto de desesperación. Sin embargo, la justicia y el destino le cerrarán el paso. Lo que suceda después marcará un giro jamás visto en la historia de la serie, un acontecimiento que dejará sin aliento tanto a los personajes como a los seguidores de La Promesa.
Desde temprano, el villano se mostrará más insoportable que nunca. Bajará a la despensa con la arrogancia de quien cree ser dueño del lugar, repartiendo órdenes y desprecios. A Pía la humillará criticando hasta el color del mantel, a Simona la denigrará por el pan, y a Candela la despreciará por el café. Pero lo peor lo reservará para Curro, al que llamará con un silbido como si fuese un perro. Frente a todos lo insultará, llamándolo “bastardo del marqués”, y lo obligará a realizar trabajos interminables y degradantes: cambiar la paja del establo, limpiar botas, reorganizar la plata y regresar sin mostrar una gota de sudor.
Los criados se mirarán incómodos, pero Curro, en un acto de entereza, levantará la mano pidiendo silencio. “Haré lo que hay que hacer”, dirá, intentando mantener la dignidad frente al acoso. Lorenzo, satisfecho con la humillación, continuará con su tortura psicológica. Lo obligará a repetir tareas ya terminadas, mover copas un milímetro, quitar polvo de estantes impecables, medir cortinas solo para cortarlas y volverlas a coser. Incluso llegará al extremo de dejar caer una bandeja en el pasillo para culparlo públicamente de descuido.
Su crueldad no tendrá límites. Más tarde, frente a todos y en presencia del marqués Alonso, acusará a Curro de retrasar el servicio del té, disfrutando del golpe que clava frente a la familia. Aunque Alonso, cansado de los espectáculos, ordenará silencio, Lorenzo sonreirá con la satisfacción de haber dejado la espina clavada.
Pero lo peor llegará en el terreno de los sentimientos. Por la tarde, buscará a Ángela en el jardín y, con sonrisa torcida, lanzará insinuaciones sobre su relación con Curro. La humillará recordándole su origen y amenazando con destruir su romance. “Palabra de honor”, dirá con sarcasmo, asegurando que acabará con la felicidad de los jóvenes. Ella, erguida y valiente, replicará: “Usted no tiene honor”. Él, frío, responderá: “Tengo memoria y recursos, y ya tengo mi venganza”.
La amenaza quedará flotando. Asustada, Ángela correrá a contarle todo a Curro. Él, firme, le prometerá que no caerá en provocaciones, pero que tampoco dará un paso atrás. “Si intenta destruirnos, lo enfrentaremos juntos”, le asegurará.
Al día siguiente, Lorenzo subirá la apuesta. Fingirá un inventario de la plata y culpará a Curro de robar dos cucharas. Frente a todos, con teatralidad, abrirá su baúl y fingirá encontrarlas allí. El escándalo será brutal: Pía se llevará las manos a la boca, María palidecerá, y Curro quedará atónito, incapaz de comprender cómo habían aparecido en sus cosas. Lorenzo, sonriente, lo llamará ladrón y bastardo. Sin embargo, el marqués Alonso intervendrá, deteniendo la farsa y humillando al villano ante los demás.
Consumido por la rabia de haber quedado expuesto, Lorenzo decidirá atacar a quien más teme: Leocadia. Esa misma mañana irrumpirá en sus aposentos y, con tono amenazante, exigirá casarse con Ángela en una semana. Leocadia, incrédula, lo llamará loco. Pero él, con sonrisa helada, dejará al descubierto el arma que guarda: un secreto del pasado, relacionado con Dolores y Hann, que podría destruirla si se hace público. La amenaza será clara: o entrega a su hija, o su reputación y su vida caerán en ruinas.
La escena será devastadora. Más tarde, Leocadia comunicará a Ángela que deberá casarse con Lorenzo. La joven, rota en lágrimas, gritará que jamás aceptará. Pero su madre, endurecida por el miedo al chantaje, impondrá su autoridad: “Te casarás porque yo lo ordeno”. Ángela, desesperada, encontrará consuelo en los brazos de Curro, quien le jurará que nunca permitirá esa boda, que huirán si es necesario.
Será entonces cuando la verdad salga a la luz. Curro, incapaz de luchar solo, buscará ayuda en Vera. Ella, con el rostro tenso, le confesará el secreto que nadie sospechaba: su hermano Federico no es un simple criado. Está infiltrado en La Promesa como aliado del sargento Burdina, reuniendo pruebas contra Lorenzo para arrestarlo de manera definitiva.
La revelación cambiará el curso de los acontecimientos. El rumor correrá entre los pasillos, hasta que llegue el momento decisivo. En el salón principal, con todos presentes, Federico se presentará con postura firme y acompañado por guardias enviados por Burdina. Lorenzo, arrogante, exigirá explicaciones. Federico, con mirada gélida, anunciará el fin: “Lorenzo, en nombre de la ley, estás arrestado por tus crímenes. Tus chantajes terminan aquí”.
El impacto será inmediato. Lorenzo intentará reírse, llamándolo insolente. Pero Federico, quitándose la gorra y mostrando su verdadera identidad, lo dejará helado: “Soy agente de Burdina. He estado infiltrado en este palacio y ya tengo todas las pruebas que necesito”.
La tensión explotará. Los guardias lo sujetarán con fuerza, mientras él grita furioso que todos lo pagarán. Los criados, emocionados, se abrazarán en silencio. Ángela correrá hacia Curro y, entre lágrimas, celebrará el final de la pesadilla: “Se acabó. Finalmente se acabó”. Él, conmovido, le jurará que ya nada podrá separarlos.
Pero el cierre de este capítulo traerá todavía un momento de ternura que contrastará con la violencia del día. Esa misma noche, en el jardín bajo la luz de la luna, Curro se armará de valor. Con una flor en la mano y la voz temblorosa, le pedirá matrimonio a Ángela. Ella, sorprendida y emocionada, aceptará con lágrimas de felicidad. Ambos se fundirán en un abrazo y un beso que sellará la promesa de enfrentar juntos todo lo que venga.
Mientras tanto, a lo lejos, Leocadia respirará con un alivio amargo: Lorenzo ya no es una amenaza inmediata. Sin embargo, el miedo permanecerá. Porque si Burdina pudo infiltrar a su propio agente en el palacio, ¿cuánto tardará en descubrir también sus secretos?
Los próximos capítulos de La Promesa estarán marcados por traiciones, revelaciones y decisiones imposibles. La caída de Lorenzo será solo el comienzo de un nuevo juego de poder que pondrá a prueba la lealtad y la fortaleza de cada personaje.