Esto que te traigo hoy puede ser la bomba en La Promesa
La llegada de Enora al palacio no ha pasado desapercibida para nadie, y mucho menos para los espectadores más atentos de La Promesa. Desde el primer momento en que apareció, algo en su porte, en su manera de expresarse y hasta en su estilo de vestir, comenzó a levantar sospechas. No es una doncella cualquiera. Frente al resto de las criadas, que repiten vestidos sencillos y apenas poseen un par de pendientes modestos, Enora deslumbra cada día con un atuendo distinto, con accesorios de notable elegancia y con un comportamiento refinado que no encaja con el perfil humilde que supuestamente debía tener. Todo esto hace pensar que la joven oculta un origen mucho más distinguido del que aparenta.
Las teorías de los seguidores se multiplican, pero hay una que empieza a ganar fuerza y que, de confirmarse, podría cambiar el rumbo de la historia en el hangar y en la hacienda: ¿y si Enora fuera hija ilegítima de don Pedro Farré? La hipótesis no es descabellada, sobre todo si se observan con atención las pistas que los guionistas han dejado sembradas.
En los últimos episodios se ha visto claramente cómo Enora ha insistido a Manuel para que venda sus acciones de la empresa aeronáutica a don Pedro Farré, el empresario de éxito que ya en su momento intentó atraerlo a Milán para trabajar en su compañía. La pregunta surge inevitable: ¿por qué precisamente a él? Si Enora no tuviera un vínculo personal con don Pedro, resultaría extraño que orientara a Manuel hacia esa dirección en lugar de proponer otros inversores. Pero si en realidad Farré fuese su padre, entonces todo cobra sentido.
Además, hay que recordar que Enora siente una pasión inmensa por la aviación. No parece una afición casual, sino algo que forma parte de su esencia, como si estuviera ligada a ella desde siempre. Si don Pedro fuera su progenitor, no resultaría extraño que la joven hubiera heredado ese interés. Y aquí se abre la posibilidad de que se trate de una hija ilegítima, nacida fuera del matrimonio, fruto de uno de esos amores pasajeros que un hombre de negocios como Farré podría haber tenido en cualquiera de sus viajes.
Lo cierto es que si Enora fuera hija legítima, criada dentro del entorno del empresario, no tendría lógica que terminara trabajando de forma casi encubierta en el hangar de La Promesa. Lo más probable es que su padre la hubiese colocado directamente en un puesto relevante dentro de su empresa en Italia. Por eso la hipótesis de la ilegitimidad se fortalece: una joven a la que don Pedro ha podido apoyar en secreto, tal vez enviándole dinero o asegurándose de que recibiera una buena educación, sin llegar nunca a reconocerla públicamente. Esto explicaría tanto su exquisita formación como su seguridad a la hora de moverse en ambientes aristocráticos.
Desde el primer día, Enora mostró una desenvoltura sorprendente dentro del palacio. No parecía intimidada ni por los nobles ni por los superiores. Trataba a Manuel de igual a igual en el hangar, se dirigía a Toño con familiaridad y hasta se enfrentó con discreción pero sin miedo a la clasista Leocadia, que no aceptaba la idea de ver a una mujer trabajando en un espacio considerado masculino. Esa seguridad en sí misma no es propia de una criada corriente, sino de alguien que ha crecido conociendo el valor de la educación y la cultura.
Los rumores sobre un posible origen extranjero, incluso francés, también han circulado, pero lejos de desmentir la teoría de su vínculo con Farré, la refuerzan: el empresario viajaba constantemente y no sería extraño que hubiese tenido relaciones más allá de España. Su posición económica le permitía mantener hijos fuera del matrimonio sin que la sociedad lo supiera.
Vale la pena recordar quién es don Pedro Farré dentro de la trama: un hombre influyente, vinculado a la aeronáutica, que apareció en La Promesa cuando Manuel aún estaba casado con Jimena. Le ofreció la oportunidad de marcharse a Milán a trabajar con él, y si no ocurrió fue porque Jimena fingió un embarazo para retener a su esposo. El regreso de este personaje ahora, si llegara a coincidir con Enora, sería una bomba dramática. Imagínate la escena: don Pedro entra en el hangar, reconoce a la joven y ella, al verlo, queda paralizada al enfrentarse por primera vez a su padre. Sería un momento de altísima tensión, capaz de sacudir a todos los personajes que presenciaran la revelación.
La sospecha de que Enora tenga una educación muy superior a la del resto de doncellas no es menor. En aquella época, en torno a 1916, solo las familias con dinero podían costear una formación de calidad para una hija. Y Enora no solo demuestra saber comportarse, sino que se expresa con sofisticación, habla con propiedad y nunca pierde la compostura. Son rasgos que no se improvisan: responden a una crianza rodeada de cultura, maestros y recursos.
Si realmente es hija ilegítima de Farré, muchas piezas encajarían. Su insistencia en acercar a Manuel al empresario sería entonces un modo de reforzar la conexión con su verdadero padre, de permanecer cerca de él aunque sea de manera indirecta. También explicaría su facilidad para integrarse en un mundo que no le corresponde, como si supiera que, en el fondo, pertenece a él.
Los espectadores están divididos: algunos piensan que todo es fruto de la naturaleza especial de Enora, que simplemente es una mujer refinada y distinta. Otros, sin embargo, sostienen que las pruebas son demasiadas como para ignorarlas. Y la teoría de la hija ilegítima gana cada vez más fuerza entre los seguidores.
Lo fascinante de esta posibilidad es cómo afectaría a Manuel. Él, que ha sufrido tanto con las mentiras y manipulaciones de su entorno, podría encontrarse en medio de una trama aún más complicada si descubre que su amiga y confidente es, en realidad, la hija secreta de un poderoso inversor con el que está vinculado. Y la reacción de Leocadia, siempre vigilante, sería también digna de ver.
De confirmarse esta teoría, La Promesa tendría un nuevo eje de intriga: la revelación de la verdadera identidad de Enora. Y esto no solo afectaría a Manuel y a Farré, sino a todo el entramado del palacio, porque significaría que entre las doncellas se esconde alguien con sangre de un hombre influyente, alguien que no es lo que parece y que podría reclamar un lugar mucho más alto del que ocupa ahora.
La gran pregunta que queda en el aire es si los guionistas se atreverán a dar este giro. De ser así, la trama del hangar, que ya ha dado momentos intensos, alcanzaría un nivel completamente nuevo. El misterio de Enora pasaría de ser una simple anécdota a convertirse en uno de los motores principales de la serie.
Por ahora, lo único cierto es que cada gesto, cada vestido y cada palabra de la joven alimentan la sospecha de que no es una doncella cualquiera. Y mientras tanto, los espectadores esperan expectantes la posible llegada de don Pedro a La Promesa, porque solo entonces sabremos si esas miradas y silencios esconden la verdad: que Enora no es quien dice ser, sino la hija oculta de uno de los hombres más poderosos del mundo de la aviación.